Tesoros, Busqueda y Reino

Te invito en esta oportunidad a conocer los verdaderos tesoros. Aquellos eternos. Fueron gran partedel mensaje de Yeshúa, Jesús el Mesías. Vamos a conocer algo mucho más profundo de lo que nos suelen enseñar.

Recientemente escuche una enseñanza de la boca de un Pastor a quien respeto y admiro la cual complementa un estudio que vengo realizando desde hace algún tiempo. Por eso a este estudio, con lectura en Mateo 6, lo titule Tesoros, busqueda y Reino de Dios.

Hago una introducción del capítulo en el cual nos estamos enfocando. Jesús comienza a hablarle a la gente acerca de las bases del Reino de Dios que incluyen conducta, caracter y acciones a las que el hombre debería dedicar su estilo de vida.

Comienza con un principio fundamental que tiene que ver con lo secreto. «Su fama se difundía cada vez más, y grandes multitudes se congregaban para oír a Jesús y ser sanadas de sus enfermedades. Pero con frecuencia El se retiraba a lugares solitarios y oraba». Lucas 5:15-16. El trabajo de Nuestro Padre Celestial no siempre es visible. Obra en nuestro espíritu para que, en su tiempo perfecto, el fruto de ese trabajo se haga visible exteriormente afectando nuestra conducta, carácter y pensamiento.

El hombre no necesita ser visto en sus obras, si las realiza con el fin de ser exaltado. Dios es quien exalta a quién debe ser exaltado y humilla a quien debe serlo. Aunque muchos hombres crean que está hablando del ser humano, en realidad se refiere a la exaltación de Jesucristo y la humillación del enemigo de nuestras almas.

Luego nos enseña una oración profetica donde invita desde ese momento a acercarnos confiadamente al trono de la gracia. Jesús conoció su destino, que era la cruz del calvario, que traería como resultado que el velo del templo se rasgaría y que el hombre tendría entrada libre a la presencia de Nuestro Padre Celestial para hallar gracia, provisión, perdon y socorro. Es que lo importante en nuestra vida es la relación que cultivemos con nuestro Señor en lo secreto. Por eso la relación con Dios no es colectiva, es personal.

«No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.». Mateo 6:19-21

Cada día de nuestra existencia vamos acumulando tesoros. Juntamos formas de pensamiento. Filosofías. Objetos. Relaciones. Sonidos y mensajes. Cada una de estas cosas comienza a tener un valor en nuestro interior. Valoramos a cada una de tres maneras. Por lo que representan para nosotros. Según el valor que le da la sociedad o el mundo y por último de acuerdo a los preceptos del Señor al que servimos.

Cada libro que leemos, canción que escuchamos, persona que entra en nuestra vida, mensaje que oímos, etc. Es un tesoro que comenzamos a acumular. Los verdaderos tesoros no son aquellos que acumulamos en la tierra sino lo que tienen un valor eterno.

Todo lo que no proviene de Dios se queda en la tierra y su fin es perecer. Por eso es que somos cada día animados a instruir a nuestros hijos en el camino, para que, cuando sean grandes, no se aparten de el. A cultivar una relación con nuestro Padre Celestial a través de la oración, el ayuno y el practicar la verdadera religión que es visitar a aquellos que estan pasando dificultades y guardar nuestros ojos de lo que el mundo nos ofrece.

La palabra mundo en el idioma griego es Kosmos. De esta Palabra surge la palabra cosmético. El mundo esta cubierto por una irrealidad y Dios nos llama a profundizar pasando a través de esa irrealidad para que podamos ver lo que es verdadero y puro que es Él. Veamos que de YeHoVah es la tierra y todo lo que hay en ella (1 Corintios 10:26), pero el mundo pertenece al maligno! (1 Juan 5:19)

«La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!. Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón». Mateo 6:22-24

Los tesoros son acumulados a través de nuestros sentidos. las cosas que hacemos y en aquello en lo que tenemos enfocado nuestro corazón. Si servimos a Dios estamos acumlando tesoros que tienen un valor eterno. Todo lo que nos hace cultivar la relación con nuestro Padre Celestial, todo fruto del Espíritu que es sembrado y cosechado en nosotros, cada vida a la que predicamos y por medio del Espíritu Santo alcanza la salvación y toda obra que se hace por medio de la fe y producto de escuchar correctamente la voz de Dios, es un tesoro que acumulamos en el cielo.

Todo el resto de las cosas que juntemos en nuestra vida es un tesoro terrenal y con el servimos a Mammon. El Dios de las riquezas. Si, probablemente estes inquietado en este momento, pero la verdad es que Mammon es quien te dice que si no tenés cierto nivel economico no sos nadie. Habla a tu mente y le dice que si tus hijos no tienen un celular o tablet, seran rechazados por sus pares , porque, hoy todos los chicos lo tienen. Si no alcanzas una carrera no llegas a nada en la vida, etc.

Cada día y a cada instante escuchamos tres voces en nuestra mente. La voz de Dios. Nuestros propios pensamientos y la voz de nuestros adversarios. Es imperativo que comencemos a discernir a que voz prestamos más atención.

El día de mañana cuando dejemos este mundo la única herencia de valor que dejemos a quienes nos suceden, es aquello que proviene del Padre. Lo espiritual, es lo que realmente tiene valor y riqueza eterna y nunca perece ya que se siembra en nuestros corazones.

Por esta razón es tan importante que comprendamos cual es el nivel de importancia que debemos darle a cada cosa a través de la mirada de Dios. Hacer tesoros en la tierra no conduce a nada si no tenemos el corazón enfocado en lo eterno. Vivamos una vida enfocado en aquello que dura para siempre que lo que está en el corazón de Dios.

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