El idioma del Reino

El idioma del Reino

La intercesión. El idioma del reino. Es el instrumento provisto por nuestro Padre Celestial. A través de ella fluye la comunión en medio de la que transcurre la vida. 

No es solo una forma de hablar, usando versículos de la palabra, es mucho más que eso. Es la forma completa de expresarnos a través de toda nuestra conducta. Surge a partir de las decisiones que tomamos con la mente de Cristo. Sí tenemos que definir el idioma que hablamos con una palabra esta sería la intercesión. Con su profundo significado como conducta escogida.

Interceder es algo mucho más completo que la interpretación simple de orar por uno mismo o aun por otros. Es una profunda decisión que parte del corazón de Dios. Se manifiesta en la forma de decidir pararnos en la brecha por las vidas de las que el SEÑOR nos inquieta a interceder.

Es la base de la oración en el Espíritu. El tipo de oración que nos conecta con el corazón del Padre Celestial y se enfoca en Su voluntad. «De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues no sabemos qué nos conviene pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.» Romanos 8:26.

La brecha es un espacio espiritual en el muro de nuestra fe. Es el producto de nuestras decisiones no discernidas a espaldas del SEÑOR. También es producto de la ignorancia de la voluntad de DIOS. Es un espacio que permanece abierto y nos expone a los ataques del enemigo de nuestras almas. Una brecha es un flanco débil. Un lugar expuesto. Se puede percibir en distintas áreas de nuestra vida y solo puede ser cerrado con una actitud de profundo arrepentimiento luego de entenderlo y aceptarlo por parte de quién lo sufre.  

Interceder es llegar a una vida y clamar  el perdón por las conductas que dieron origen a esa brecha por medio de la cual nuestro PADRE permite que penetre el enemigo a las vidas. Mantener esa brecha es darle a nuestro adversario un derecho por cada uno de nosotros al faltarle a DIOS.

Interceder es llegar a ese lugar espiritual con la provisión necesaria de amor por las almas. Es la actitud de dejarnos mover a misericordia. De separarnos de nuestra propia necesidad. Pelear los unos por los otros como un solo hombre. Un solo cuerpo. Como la iglesia de Cristo cuyo avance no puede frenado por las tinieblas. Como un organismo vivo que detecta y lucha por las debilidades del cuerpo. No para simularlas sino para sanarlas.

Interceder es reconocer las debilidades propias y ajenas para atenderlas con las manifestaciones del poder del Espíritu Santo quién conoce perfectamente cada necesidad.

Es imitar a Cristo, el cual en este momento intercede por nosotros frente al Padre Celestial. «¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.» Romanos 8:34.

Cuando el apóstol Pablo nos ruega y exhorta a hablar una misma cosa (1 Corintios 1: 10) nos invita a hablar el idioma del reino, nos motiva a la intercesión.

Interceder es el idioma del Reino de Dios y practicarlo es imitar a Cristo nuestro Salvador. El intercedió por nosotros en la Cruz del calvario. Nos perdono y hoy la acción continua de Su sangre en nuestra vida nos esta limpiando.

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