24/04/2024
white and black wooden board

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Vamos a conocer cuál es el verdadero orden celestial. Jesús nos dejo un ejemplo que fue seguido por los apostoles y los primeros cristianos. Ejemplo que el parácletos, el Espíritu Santo, que es igual a Jesús también siguio y que nosotros deberíamos imitar durante nuestra vida cristiana.

“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” Mateo 6:25-34

Nuestros planes deben estar arraigados en lo celestial y no en lo natural. Todos aquellos que hemos creído recibimos a Yeshua, a Jesús, en nuestro corazón, Él habita en nosotros y con Él toda la plenitud de la deidad. El Padre y El Espíritu Santo está en nosotros. Buscar el Reino de Dios es buscar a Yeshua en nuestra vida y conocerlo a Él es conocer al Padre Celestial.

En los tiempos de Noe cada uno seguía sus propios planes sin considerar a Dios y eso se repite en la actualidad. Cuando seguimos nuestros propios deseos y planes perdemos el entendimiento de la voluntad de Dios.

“Más como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.” Mateo 24:37-39.

Por su misericordia Nuestro Señor nos deja Su Palabra para guiarnos pero debemos entender el orden correcto en que sus planes se manifiestan.

«Mas buscad primeramente (protón, en orden de importancia es lo primero) el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Prostíthēmi propiamente,  juntar para lograr determinado propósito; reunir («sumar»), con el objetivo de alcanzar el objetivo).» Mateo 6:33

Las cosas que necesitamos, las básicas para vivir tienen como finalidad ayudarnos a alcanzar el objetivo que es hacer Su voluntad.

Pero, ¿Qué es el Reino de Dios y cómo se manifiesta en nuestra vida?

Es la persona de Yeshua el Mesías, Jesucristo. El es el Reino de Dios que vino en carne, vivió entre nosotros, fue crucificado, murió y resucitó pero también volverá a establecer Su Reino en la tierra por mil años. Es La Escritura, El Verbo, es decir la Escritura puesta en acción.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Juan 1:1

“Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.” 1 Corintios 4:19-20

En esto nos diferenciamos del mundo. En que La Palabra no solo llena nuestra mente e intelecto sino que transforma nuestra vida. No es el logos, la palabra escrita la que transforma sino el Dunamis, el poder que hay en La Escritura, es decir la capacidad para realizar algo, para nosotros los creyentes, el poder para lograrlo mediante la habilidad  (el poder) inherente del Señor.

«porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. No sea, pues, vituperado vuestro bien; Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.» Romanos 14:16-19

No son las necesidades físicas las que manifiestan el Reino de Dios en nuestra vida. No es la abundancia o la prosperidad lo que las hace evidentes y no puede haber justicia, paz y gozo por la provisión del mundo.

Al recibir a Yeshua, a Jesucristo como único Señor y sufficiente Salvador, lo primero que experimentamos es la justicia de Dios aplicada a nosotros. Somos justificados por Su sangre, vestidos con Su Sangre y somos continuamente limpiados por esa sangre. Podemos pararnos delante de Dios con confianza. Tener libre acceso a la presencia de Dios. Al trono de la gracia. Perseverando en La Palabra de Cristo recibimos Su paz de Cristo. Su Paz que en realidad es la palabra griega eirēnē (de eirō, «juntar, atar para formar un todo») – propiamente, integridad, con todas las partes esenciales unidas; paz (el regalo de Dios de integridad). La paz que Cristo nos dejo, que es la reconciliación con el Padre Celestial.

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14:27

No puede haber gozo sin paz. El hombre no tiene paz por la ausencia de problemas externos sino por vivir una vida íntegra en Dios. Porque no puede haber gozo verdadero en un corazón dividido. El ser humano entiende que obedecer a Dios y sus mandamientos es parte de la vida Cristiana y de un corazón que va siendo transformado a la imagen de Cristo..

La justificación que Dios acepta es a través de Jesucristo su Hijo, Él es la única fuente de Salvación. Quien nos da el poder para ser transformados. Nos hace íntegros y completos en Él. Nos deja Su Paz y el fruto del Espíritu que es el Gozo.

En esto se va manifestando que somos hijos de Dios.

“No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti.” Salmos 51:10-13

Todo esto comienza con el arrepentimiento. Debemos arrepentirnos continuamente. De esto se trata ser renovados en nuestro entendimiento. Tener una transformación en nuestra mente, una metamorfosis durante la cual dejamos de tener la forma del mundo y cambiamos día a día a la forma nueva de Dios, que nos lleva día a día a un cambio de conducta enfocada en lo que agrada al Padre y que podemos conocer en Su Palabra. Como hijos adoptados debemos amar sus mandamientos y ponerlos por obra. En La Ley encontramos el modelo de conducta, moral y etica que nos dió nuestro Señor y Dios. Jesucristo su Hijo lo resume en amar a Dios en primer lugar y a nuestro prójimo como a nosotros mismos porque es la forma en que debemos comportarnos con nosotros en primer lugar y con aquellos que nos rodean. Este es el mejor testimonio de fidelidad que podemos dar acerca de Nuestro Único y Soberano Dios

El poder transformador, aquello capaz de poner los mandamientos por obra viene por medio del Espíritu Santo que nos equipa, nos enseña y nos guía. Fue la provisión de nuestro Padre Celestial ante el pedido de Yeshua Su Hijo para que podamos alcanzar todo aquello que tiene planeado para nosotros. Hoy que podemos oír no menospreciemos su corrección y dirección.  

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1 comentario en «El verdadero orden celestial»

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