29/09/2022
Padeciendo con gozo

“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia“;  nos dice el Apóstol Pablo en su carta a los Colosenses 1:24 al confesar el gozo que sentía en su corazón.  

Pablo nos revela que había en él, una total comprensión y aceptación de los propósitos, por medio de los cuales nuestro Padre Celestial, había permitido que este, su siervo, padeciera no solo por sí mismo, sino también por el resto de los creyentes de su tiempo y de todos los tiempos que le sucedieron, que es la iglesia de Cristo.

Sabía el Apóstol, que el ministerio de Yeshua había consistido en caminar decididamente hacia la cruz y padecer por nosotros como autor y consumador de esta tan grande y gloriosa salvación, labor que llevó a cabo en una total unción y gozo, producto de saber que esa, era la voluntad del Padre.

A su vez el Apóstol Pablo, entendió que la vivencia de Yeshua fue como Mesías de Dios, como fundador y presentador de ese misterio escondido desde la eternidad, que es la Iglesia, para que aquellos que quisiéramos imitar su conducta entendamos y aceptemos que debemos completar sus padecimientos, como cuerpo parte de su iglesia, siguiendo sus pisadas, primero hacia la cruz, y luego hacia la perfección, a la que nos llama Nuestro Padre Celestial.

A través de su palabra inspirada y experimentada en la vivencia cotidiana del evangelio que predicaba, nos guía a  entender y aceptar que los propósitos de Dios,  preparan nuestro corazón para vivir en el gozo que produce la esperanza, producto de haber enriquecido nuestro entendimiento a partir de las pruebas enfrentadas, entendiendo que debemos preguntarnos ¿para qué? Lo cual es producto de la esperanza, y no con un ¿por qué? Que es producto de una forma de rebeldía, con la resignación que produce depresión. Con paciencia y con la confianza de que Dios gobierna sobre todo y que los padecimientos forman parte del proceso de purificación, a través del cual es perfeccionada nuestra fe.

Si entendemos y aceptamos que Dios nos ha llamado a ser sus colaboradores en la obra del ministerio, debemos aceptar los padecimientos que sean necesarios, por un poco de tiempo, como dice el Apóstol Pedro también, para luego dar testimonio con nuestras vidas a otros, de lo veraz y fiel que es Dios, quien nos perfeccionará, afirmará, fortalecerá, establecerá y hará prosperar el gozo en nuestro corazón, despertándonos la conciencia del inmenso privilegio que representa padecer por la causa de Cristo.

Cuando llegamos a este entendimiento el gozo se torna inevitable y nos motiva a confesar que amamos esta vida en Cristo, cueste lo que cueste, ya que nunca los padecimientos del presente, son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Tenemos esta confianza.

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