Escoger el fruto

Escoger el fruto

Debemos escoger el fruto que deseamos que crezca en nuestra vida. Es un proceso de siembra y riego. El crecimiento lo da Dios. ¿Cómo hacerlo? A través del discernimiento espiritual.

Aquellas personas que se dedican a las distintas facetas de la agricultura, saben que escogiendo las semillas apropiadas, luego de un proceso de cuidado, a lo largo del crecimiento y desarrollo de lo sembrado, se puede obtener el fruto esperado con la calidad deseada.

La agricultura espiritual es algo similar. La diferencia esta en que el crecimiento lo da Dios. «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.» 1 Corintios 3:6-7

La siembra y la cosecha es algo familiar para nosotros los cristianos. Lo sabemos porque el Señor nos ha enseñado qué, producto de lo que sembramos, eso recogemos. No por un conocimiento intelectual. Es resultado del proceso de entendimiento de la siembra y la cosecha a lo largo de nuestra vida.

La siembra y la cosecha es clave para entender el mensaje del Reino. «Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?» Marcos 4:13. El sembrador. Las semillas. El campo. La siega. Son un modelo natural de lo espiritual. Conocerlo con profundidad nos ayuda a entender lo invisible. El mundo espiritual.

Dios mismo es quien trabaja en nuestro interior para que en su Kairos, su tiempo determinado, se exteriorice su obra en nuestra vida. «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.» Filipenses 2:13. El fruto del Espíritu. Él mismo llamará desde los cielos a la tierra para que nos produzca de acuerdo con nuestro compromiso.

Una vez que hemos conocido y aceptado esta ley espiritual, debemos ponerla en práctica. Es clave para que se desarrolle nuestro discernimiento espiritual. Esto es algo para profundizar. Nuestro Señor dejo en claro quienes participan en esto para que podamos conocerlos y estar bien parados en La Verdad.

«Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.» Mateo 13:37-39

En el punto espiritual de nuestro presente, debemos recurrir al Espíritu Santo. El sabe cual de sus frutos deben manifestarse en nuestra vida y cuales ya estan manifiestos.

Nosotros ponemos nuestra confianza y nuestra fe en Él, que a su vez, manifiesta la esperanza. Como nos dice JOB en el capítulo 11 vs. 18 “ tenemos confianza porque hay esperanza ” y en esa confianza aguardamos confiando en que gozaremos de ese hermoso fruto y comeremos del bien de la tierra.

DIOS nos ha dado el don del discernimiento y debemos aprender a desarrollarlo. Usarlo, no solo para conocer a los hombres a través de sus frutos, sino en especial a nosotros mismos. No podemos discernir con claridad si no comenzamos con nosotros primero.

Buscando los motivos que nos impulsan. Cuando aprendemos a examinarnos, tenemos la oportunidad de escoger solo lo que proviene de la perfecta voluntad de nuestro Padre Celestial.

Debemos hacer de nuestra vida semejante a ese hombre prudente. Quien luego de arar bien su campo. Quitar todos los espinos. Arrancar toda forma de maleza. Escogió cuidadosamente el grano que sembraría. Luego de un tiempo de riego. Cuidado. De velar por su siembra. Recibio de parte de Dios los frutos abundantes. Frutos que trajeron justicia, paz y gozo a su corazón. Que son los frutos del Reino de Dios. En el cual tenemos un porvenir sin escasez, con la seguridad que solo puede darnos El Señor.

Aprendamos a poner nuestro corazón. El hombre interior en las manos del Espíritu Santo. Dediquemonos a sembrar y regar. Confiemos en que, el creador de la semilla, se ocupe del tiempo de su crecimiento. Su tiempo es perfecto.

Ya mismo podemos asegurarnos las bendiciones del futuro. Extende tus manos vacías hacia delante y deja que Dios las llene con Su bendición. Uno de estos frutos es la vida eterna que es conocer a al Único Dios verdadero y a Yeshúa a quién Él envio. La vida eterna es hoy. Sembra a Cristo en tu corazón.

«Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.» Juan 14:6. El es el fruto. El arbol de la vida. Que Jesús creazca en tu vida. Es la única forma en que podamos llegar a ser conformes a la imagen y semejanza de Dios. Esa es la voluntad del Padre que ve el fruto de Su Hijo en nosotros.

El arbol de la vida no da varios frutos. Da un solo fruto y es el del Espíritu. Aquel Espíritu que vivifico a Jesús de los muertos. Que manifiesta los atributos de Cristo en nuestra vida. Ese fruto es que debemos escoger. No esperemos más.

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